Acrofobia

Aaron Napadensky Pastene, Director del Laboratorio de Estudios Urbanos Universidad del Bío-Bío

La acrofobia es una aversión exagerada a la altura. Desde hace un tiempo se ha instalado en el medio local una discusión sobre la densificación de Concepción, debate que se mantiene vigente por una u otra situación. Tal es el caso del anteproyecto que propone remodelar la galería Alessandri y construir una torre de 23 pisos.

He escuchado por este y otros medios a arquitectos hablar de “terrible” o “nefasto”, sostenidos sólo con el argumento de, a su juicio, tener demasiados pisos y esto no es una defensa a la altura y menos al proyecto en cuestión, pero convengamos que se puede hacer mala arquitectura con 30 pisos, pero también con cinco.

La cuestión, a mi parecer, es preguntarse ¿en qué momento redujimos la discusión de la densificación a un debate y juicio sólo de alturas? ¿En qué instante, de forma tan lisa y llana, hablarnos apriorísticamente de “nefasto” porque un proyecto tiene altura?

Hagamos un poco de historia. En los 70′ una discusión similar se dio en torno al centro de Providencia, en aquel momento el asesor urbano de Providencia, el arquitecto Germán Bannen, impulsó un plan en el que no prohibió la altura, sino que la condicionó.

Para obtener mayor altura de la establecida, los proyectos privados cedían espacio para el uso público en el nivel de calle, el peatonal; en contrapartida se podía edificar cinco veces más de lo cedido por sobre la altura máxima.

Así nació el Drugstore, el Patio Pedro de Valdivia, el Patio Francisco de Aguirre, el Paseo Las Palmas y Plaza Lyon, entre otros, aumentando los metros lineales de tiendas y vitrinas, pero junto a ello se construyó toda una red peatonal y de espacios de uso público que le dieron riqueza y vigencia al centro de Providencia, hasta nuestros días, compatibilizando torres y espacios de uso público con comercio, oficinas y residencia.

Ahora vamos al centro de Santiago. Durante el periodo inter-censal 1992-2002 perdió un 10,8% de residentes, proceso de despoblamiento que se revirtió en las décadas posteriores, junto a una significativa densificación, apalancada por una política pública de renovación urbana basada en el subsidio a la compra de departamentos nuevos, con un tope de 2.000 UF, estimulando la oferta de aquellos tipo estudio y de un dormitorio.

Hoy el problema de Santiago centro es cómo atraer a las familias y con ello diversificar el tipo de residente.

Volvamos a nuestro Concepción, comuna central del Área Metropolitana y entonces reitero, ¿en qué momento se simplificó y redujo el tema de su densificación, a una cuestión solo de altura?

Deberíamos preocuparnos con el mismo o mayor énfasis en cómo los edificios llegan al suelo, cómo enriquecen las tramas peatonales y crean espacios de calidad para el uso público. Cómo aportan diversidad programática (comercio, servicios y residencias) y residencial (1, 2 ó 3 dormitorios).

Máxime la explosión social de octubre pasado y la quema de la sala de ventas del otrora proyecto Parque Alemán, dio una señal clara a las inmobiliarias sobre el desafío que deben asumir al ecualizar dos conceptos válidos y no necesariamente contrapuestos, como lo son construir una ciudad con el fin de hacer negocios, densificando en las alturas, pero a la vez produciendo en el suelo nuevos espacios de uso públicos y amenidades que contribuyan a crear una mejor ciudad, para visitar, trabajar y vivir.

-Columna publicada el 9 de agosto del 2020, Diario El Sur, Concepción.