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La importancia del espacio público y de los incentivos en las calles de la ciudad

Por Waldo Martínez Riquelme, arquitecto.

En los tiempos actuales se ha generado la discusión de cómo debe ser la ciudad pos pandemia y dentro de los aspectos sometidos a debate, destaca la importancia que habría que darle a la temática de los espacios públicos dentro de la misma. Estos períodos de confinamiento obligado por la pandemia, nos hicieron tomar conciencia de que los espacios públicos son una componente significativa en nuestra manera de vivir la ciudad, dado que forman parte esencial de nuestro hábitat urbano, puesto que los ocupamos durante las horas destinadas al desplazamiento y al esparcimiento al aire libre.

El encierro nos ha llevado a valorar esas porciones de nuestro tiempo destinadas a satisfacer la necesidad biológica y sensitiva de disfrutar la permanencia al aire libre. Simultáneamente, ha puesto en evidencia las deficiencias que acompañan a nuestros espacios públicos existentes, asociadas a su tamaño y calidad de mantención.

Ahora bien, los espacios públicos urbanos están compuestos por avenidas, calles, áreas verdes, parques y plazas, tanto existentes como proyectadas en los instrumentos de planificación territorial. De allí que su creación pasa por las disposiciones que establezcan los Planes Reguladores y, en consecuencia, estos instrumentos son los llamados a incluir normas que recojan la importancia de los espacios públicos dentro de este nuevo enfoque pos pandemia. Para ello dichas normas han de tender a privilegiar al peatón, facilitando su desplazamiento y acogiendo su permanencia al aire libre, relacionada con el esparcimiento, descanso y contemplación.

  El ensanche de calles con mejores aceras, más espaciosas, tradicionalmente implica el desplazamiento de la línea oficial, generando franjas afectas a declaración de utilidad pública, las cuales quedan graficadas eternamente en los Planes Reguladores, a la espera que se desarrollen proyectos por parte del sector privado que estén obligados a respetarla y cederla. Salvo en aquellas oportunidades en que la autoridad estima necesario la materialización de proyectos viales de mejoramiento de las conexiones de la ciudad, en cuyo caso procede a expropiarlas con un costo que paga el Estado.

Sin embargo, por la vía de los incentivos, los Planes Reguladores pueden inducir una mejoría de los espacios públicos en las calles de los barrios, contemplando normas que permitan al privado aportar mejores espacios sin mayor costo para el Estado, ofreciéndole  una compensación por la superficie extra que se ceda voluntariamente al uso público y otorgándole una mayor constructibilidad en relación al espacio entregado.

Estos incentivos que, por cierto, debieran ser considerados en un nuevo Plan Regulador Comunal para Concepción, traen un delta positivo adicional que se traduce en la mejoría de la calidad de vida de los habitantes por medio de la incorporación de mejores espacios públicos.

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