Plan Regulador: el necesario consenso sobre un proyecto de futuro

Por Sergio Baeriswyl, Arquitecto urbanista.

La discusión sobre la modificación al Plan Regulador de Concepción se ha tomado buena parte del debate entre los arquitectos y la ciudadanía. Es valorable que el tema despierte tanto interés sobre el futuro de la ciudad, aún cuando se trate solo de una modificación respecto de las alturas de las edificaciones.

En efecto, las alturas de las edificaciones han detonado una justificada preocupación de todos los ciudadanos, pero este problema es sólo la punta del iceberg de uno mucho más profundo. Debemos recordar que el actual Plan Regulador de Concepción concluyó su elaboración técnica y conceptual el año 2000, es decir, hoy cumple 20 años desde que fuera diseñado.

Por cierto, su entrada en vigencia fue el año 2004, pero esto responde sólo al largo proceso de aprobación legal, que incluyó un estudio de impacto ambiental exigido por la Ley de Bases del Medio Ambiente. Luego de esto, se promulgó con un amplio respaldo ciudadano, pues en su proceso de elaboración se realizaron más de 40 eventos participativos para consensuar sus contenidos con la comunidad técnica, gremial, sector público y los vecinos en los barrios.

Hace veinte años la ciudadanía exigía la recuperación de la ribera norte del río Biobío, un nuevo barrio cívico y una costanera que recorriera todo el Biobío.
También solicitaba un plan para repoblar el centro de la ciudad y recuperar su rol de servicios, amenazado por la llegada del Mall del Trébol, exigiendo mejor conectividad vial, una gran avenida en el eje Los Carrera y Paicaví y rechazaba los edificios “lustrines”, no por ser altos sino por su cuestionable estética.

Bien o mal, este plan avanzó en el logro de estos objetivos y hoy, veinte años después, nos preguntamos si es posible que este documento, elaborado hace dos décadas, esté en condiciones de enfrentar los desafíos de la ciudad para los próximos 20 años.

Clara y rotundamente no. La sociedad ha cambiado de manera extraordinaria, y hoy los desafíos de las ciudades son otros: el cambio climático, las nuevas tecnologías, mejores espacios públicos, un transporte público descarbonizado y más equidad social, donde todos tengan derecho a la ciudad.

Un plan regulador elaborado hace veinte años, corno es el caso de Concepción, no puede responder a estos nuevos desafíos. Quien crea que modificando la altura de las edificaciones tendrá un mejor plan de ciudad para enfrentar los enormes desafíos de la sociedad del futuro, se equivoca profundamente.

Un plan regulador debe ser ante todo un acuerdo social, es decir, un proyecto que reúna a toda la ciudadanía detrás de una idea en común, procurando la convergencia de todos los actores sin exclusión.

Las ciudades crecen y se desarrollan sólo cuando existe consenso en un proyecto de futuro. Un plan regulador es una oportunidad para pactar un modelo de desarrollo, nunca debiera ser un campo de batalla, donde gane tina parte y otra pierda Si esto ocurre es una advertencia clara que las autoridades debieran entender como el camino equivocado, que divide a la sociedad y que compromete la estabilidad del futuro y el bien común. El bien común nunca será el bien de una de las partes, ni de la otra, sino de todos en su conjunto.

La gran discusión detonada por una nueva modificación del Plan Regulador de Concepción es una enorme oportunidad para integrar a toda la comunidad, sin ganadores ni perdedores, todos detrás de una idea mancomunada, para construir la ciudad que querernos para los próximos 20 años.