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Pedro Cortés y las barreras arquitectónicas de Concepción: “Nos llenamos la boca hablando inclusión, pero eso no ocurre”

Publicado el 22/07/2021

El profesional de Coalivi identificó algunas de las instalaciones que dificultan la movilidad y pueden generar diversos inconvenientes a personas ciegas o con baja visión. Además, manifestó su molestia en el proceso de diseño y ejecución de algunas obras en la ciudad.

Generalmente en Conce es Conce destacamos los aspectos positivos de la conurbación y, también, abordamos los desafíos que vendrán. No obstante, también queremos que nuestras comunas crezcan y sigan encantando a sus residentes y visitantes.

Por esta razón, en esta oportunidad nos centraremos en un aspecto que nos preocupa bastante y que se puede apreciar diariamente en un simple recorrido por la ciudad de Concepción: las barreras arquitectónicas. Para ser más específicos, hablaremos de aquellos obstáculos físicos que no solo complican la movilidad, sino que también pueden generar perjuicios a las personas ciegas o con baja visión.

¿Se les viene algún ejemplo a la mente? ¿Reconocen dónde fue tomada esta fotografía? Si es así, te dejamos algunas explicaciones y reflexiones de Pedro Cortés Carvajal, profesor de la Corporación de Ayuda al Limitado Visual, Coalivi.

“Respecto al tema de barreras arquitectónicas hay que saber lo siguiente: existe un decreto, el DS 50, de Ley 20.422, que establece las normativas sobre construcción con igualdad de oportunidades e inclusión de personas en discapacidad. El problema está en que las empresas contratistas que realizan las faenas solicitadas por Serviu hacen una interpretación extraña de este decreto y no cumplen en forma real lo que está estipulado por ley”, explica el especialista en trastornos de la visión.

Respecto a estas malas aplicaciones del decreto mencionado, el docente agrega que “un ejemplo de este caso son los hitos o tacones que tenemos en el centro de Concepción, que son esos ‘palos’ que separan la acera de la calzada. Y para qué hablar de los bolardos que están alrededor de los Tribunales y en la diagonal. Bueno, según la ley, todos estos hitos, tacones y bolardos deben medir un metro de altura, algo que no se cumple. Esto es todo lo contrario en Caupolicán hacia el Barrio Estación, donde los tacones sí están por sobre el metro y permite a las personas ciegas o con baja visión que sean detectados por el bastón y no tengan accidentes”.

Otro tema que le preocupa al profesional es la elección de los colores que se utilizan en las mejoras realizadas a la ciudad, los cuales no son perceptibles para personas con baja visión: “Por ejemplo, las franjas blancas en San Martín con la diagonal Pedro Aguirre Cerda. Se sabe que el color blanco es un color difícil de detectar para personas con baja visión, ya que hay contraste. Entonces, estas situaciones generan molestia, pues están haciendo la ‘pega’ de mala forma. Nosotros como Coalivi hemos realizado sugerencias a estas obras y recomendamos el color amarillo, que es más sensible a la rutina. Sin embargo, estas empresas desestiman lo indicado y hacen un mal trabajo”.

Escasa funcionalidad y poca empatía

Al caminar por la ciudad, es muy común encontrarse baldosas con colores y texturas distintas a las tradicionales, las cuales son de gran ayuda para personas ciegas o con baja visión. Estas piezas son conocidas como palmetas podotáctiles.

Lamentablemente, algunas instalaciones de este tipo de superficie no siempre cumplen con los requisitos y recomendaciones. Así lo indica Pedro: “En nuestros recorridos también podemos notar que algunas palmetas podotáctiles tienen líneas muy angostas. Además, son de 14 centímetros de ancho, no tienen el color amarillo recomendado y están ubicadas de manera perpendicular a la persona, con relieves levantados que pueden provocar lesiones a los tobillos, junto con impedir la detección de obstáculos a los costados”.

Además, Pedro asegura que “eso no es todo, ya que está el tema de las palmetas podotáctiles de anticipación, que deberían estar a dos metros de distancia según la norma, pero que en algunos lugares están a un solo un metro o centímetros de la calzada. Eso no es funcional; es peligroso. Y da mucha pena, ya que nos llenamos la boca hablando de inclusión, pero lamentablemente eso no ocurre”.

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