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Murales alumbran distintos rincones del Gran Concepción

Publicado el 08/09/2021

Tienen una presencia activa como parte de la historia artística y patrimonial de la ciudad. Algunos son cuidados y reconocidos por su valor pictórico e histórico. Muchos más están olvidados o se esconden en distintos rincones esperando ser descubiertos por la comunidad.  

El Biobío por muchos años ha sido considerado como la región de los murales, historia que se gestó, paradójicamente, a partir de tragedias como los terremotos de 1939 y de 1960 que arrasaron con muchos edificios, casas e infraestructura existente en esa época.

Precisamente de la mano de los procesos de reconstrucción, y gracias al aporte del gobierno mexicano, llegó el movimiento muralista de ese país a Chile y aterrizó en el Biobío trayendo a destacado representantes de esa técnica, como David Alfaro Siqueiros y Jorge González Camarena.

Este último es el autor de “Presencia de América Latina”, que pintó con la colaboración de Salvador Almaraz, Manuel Guillén, Javier Arévalo, también mexicanos y los chilenos Albino Echeverría y Eugenio Brito, finalizado en 1965.

Ubicada al interior de la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, en sus 250 metros cuadrados de extensión (sin contar las escaleras), la obra representa la fusión de las razas y la cultura iberoamericana.

La calidad, colores y tamaño de la obra le hacen una visita obligada para cualquier turista que llega a la capital regional,  tal como reconoce Robinson Delgado, artista autodidacta, también muralista, quien ha plasmado su talento en diversos rincones de Talcahuano: “Cada vez que voy a Concepción, paso a ver el mural de la Pinacoteca y realmente me enorgullece constatar que, en el sur del mundo, exista una pintura o un mural de este nivel, donde siempre encuentro algo nuevo, es una joya para mostrar a todos”.

Tan imponente como el anterior es “Latidos y Rutas de Concepción”, obra de 280 metros cuadrados, pintada en fresco por el chileno Gregorio de la Fuente entre los años 1943 y 1946, que narra la historia de Concepción, desde sus orígenes coloniales hasta la primera mitad del siglo XX. La pintura se encuentra en el primer piso del actual edificio del Gobierno Regional, ex estación de ferrocarriles, reconstruida tras el terremoto de 1939.

Igualmente relevante es el emblemático mural de la farmacia Maluje, como se le conoce popularmente, ubicado en calle Tucapel con Maipú en Concepción, y pintado por Julio Escámez en 1957. “Historia de la medicina y la farmacología” fue declarado en 2015 monumento nacional, luchando actualmente por sobrevivir frente a los embates del tiempo.

Talcahuano también tiene lo suyo

Pero no solo el centro penquista cuenta con obras destacadas. En Talcahuano, el mismo Robinson Delgado, pintor porteño de tomo y lomo, Premio Municipal de Arte 2011, nos habla de algunos de ellos; como el “Fraternidad de Dos Pueblos”, confeccionado con piedras en 1964, por la escultora, muralista y vitralista María Martner y que adorna una de las paredes de la Escuela México Estado de Guerrero; o el mural “Nün”, obra de los pintores Alejandro Delgado, Cristián Rojas, Jorge Zambrano y Eugenio Brito que alberga la estación El Arenal del Biotrén.

Él mismo tiene a su haber al menos 4 murales en la comuna donde, sin duda, destaca el que pintó en el gimnasio techado del polideportivo de la Casa del Deporte de Talcahuano, en el lugar donde antes estuvo el famoso mural “Alegoría al Trabajo” de Héctor Robles Acuña, destruido con el terremoto de 2010.

 “Ahí había un mural de Héctor Robles y que se quebró, no hubo caso arreglarlo. Para mí fue un sueño que me entregaran una muralla de un edificio como ese e hice un mural cuatro veces más grande que el original. Pintarlo fue un sueño cumplido”, señala.

Desde su casa y taller 8.8 en la caleta La Rocuant, reflexiona sobre el estado de muchas de estas obras. “Lo ideal es llegar a un nivel en que hagamos estos murales en interiores de edificios para protegerlos de las inclemencias del tiempo y con la mantención que se requiere, por un equipo de profesionales como lo que pasa con el mural de la Pinacoteca, a ese nivel hay que llegar, pero no todos podemos hacerlo”, señala.

No obstante, nos comenta que sigue y seguirá pintando, retocando gratuitamente sus obras y compartiendo su talento con la comunidad y sus alumnos. “Para mí la pintura es no morir, cuando uno pinta va dejando algo de uno, deja historia”, concluye.

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